Inseguridad, Indefensión ante el Entorno

Hay adolescentes que quizás por experiencias previas se sienten inseguros o desprotegidos en el entorno donde están. Es como si viviesen con un continuo miedo de que algo malo podría pasar, esto se llama ansiedad anticipadora. 

Una de las causas es la herencia de preocupación general de los padres hacia el mundo o hacia su propio hijo. Otra causa podría ser la sobreprotección que ha vivido el niño desde edades tempranas y ahora al llegar a la jungla de la adolescencia se ve solo, sin defensas porque no han sido desarrolladas en etapas anteriores por esta sobreprotección.

La terapia tanto con los padres como con el menor es necesaria ya que para los padres puedo suponer un exceso de preocupación el no ejercer un control sobre la inseguridad o ansiedad que sufre el menor y su mismo manejo hace que la actitud del niño que no sea se desea, se alimente. En mi carrera de psicóloga he visto como niños abandonan la vida presencial en el instituto por decisión de los padres; sin existir mal mayor, por ejemplo casos de Bullyng; por estricta decisión de los padres , sin asesoramiento profesional, con el objetivo de que el niño no sufra. Esta evitación de ir a las clases refuerza la creencia de que las cases son amenazantes por eso yo me siento inseguro.

Otro ejemplo ilustrativo es cuando el menor expresa lo mal que se siente al acudir a una fiesta de sus compañeros y la madre consiente que no vaya para así para el sufrimiento. Este manejo de la madre vuelve a alimentar que los miedos del adolescente son reales reafirmando su conductas para futuros acontecimientos. Quizás esta alimentación se vaya haciendo desde años atrás pero en la adolescencia, la poco experiencia del menor en el trato de sus iguales se realza por la etapa en la que está.

El menor al compararse se ve en desventajas en habilidades sociales que es el resultado de afrontar una situación o contexto habitual del adolescente desde el miedo y lo etiqueta como peligroso, todo envuelto en la dinámica natural de aceptación y rechazo que envuelve al menor en esa etapa evolutiva.

 

Se puede diagnosticar como un trastorno de ansiedad donde se han de intervenir en los pensamientos distorsionados que desarrolla el menor en su sistema de creencias, se ha de dotar al menor de herramientas que refuerzan su repertorio de habilidades sociales y se ha de manejar sensaciones y emociones desadaptativas e instaurar reacciones más proporcionadas al contexto real de no peligroso.

 

La intervención con los padres también es primordial en no seguir alimentando los síntomas que provocan la ansiedad, incluso a veces los padres han de pasar por su propio proceso terapéutico de reducir el estrés o la ansiedad que provoca el no control de los síntomas del menor.

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